ELIZABELL healing tales

historias que inspiran, mensajes que sanan


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HE CAMBIADO

HE CAMBIADO

Pensé que era tan fuerte como el acero y hoy me derrito ante tu llanto.

Imagine vencer mil enemigos con espadas de astucia y cañones de audacia. Hoy se que tan solo sigo venciendo mis miedos, y que para hacerlo tuve que dejar a un lado el pesado escudo que cargue por tantos años.

En el pasado deseaba con ansiedad grandes travesías.Hoy las vivo sin buscarlas siempre añorando el retorno a lo sencillo, a lo básico.

Ayer te busque en la calles recónditas, en los rasca cielos mas altos, en manantiales profundos y en largos ocasos.

He cambiado. Ahora te siento aquí, tan cerca, donde siempre has estado.

Mis grandes ojos negros abiertos como nunca; pero ya no veo sombras, o falsos ejércitos, ni enemigos verdaderos, tampoco los imaginarios.

No veo tu forma, ni tu figura, ni si eres alto o delgado. Te veo a ti.
Veo tu vulnerabilidad que se abraza con la mía en sagrado pacto.

Antes me atraía la roca inmutable y la tierra firme. Hoy me rindo ante la locura del viento con sus brisas y también con sus tormentas. Me apasiona el agua impredecible que recorre las corrientes del tiempo con delirante encanto.

Antes vivía pendulando entre un futuro incierto y un incomprensible pasado. Hoy presente en cada momento.

Hola? Estas aquí? Te confieso que he cambiado.


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Quietud en Movimiento.

A veces pensamos que estamos en neutro.

Nada nuevo pasa, los días parecen repetirse.

Debajo de la superficie de la rutina hay una corriente que no logramos ver; su movimiento fluido es casi imperceptible.

Suaves olas tramando algo en el hilo de la vida . . .

La quietud es solo movimiento en silencio.

 

Elizabell. 31 Agosto 2014

Foto. Capcana. Republica Dominicana.


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Cuando el alma pierde su inocencia

Solo una vez en la vida se pierde la inocencia. No se pierde progresivamente, ni de a poquitos. La inocencia no es algo que se desgasta como todos los otros cartuchos que se van quemando y agotando en el transcurso de la vida. En el instante previo a nuestro aterrizaje en este mundo, se nos equipa de un pequeño bulto cuyo contenido vasta para que valga la pena nuestra permanencia en la sala de espera dentro del infinito e ilimitado aeropuerto de la existencia. Aterrizamos aturdidos del viaje milenario y cuando abrimos ansiosos nuestro equipaje para descubrir aquello que nos acompañará en el viaje, vemos que no hay nada a excepción de una nota. 

Abrimos la nota que ha sido escrita con la majestuosa tinta de la voluntad divina, cuyo poder absoluto se manifiesta al convertir en realidad de manera instantánea el mensaje cuando es leído.

“Te acompaña la inocencia que perderás algún día y no recordaras quien eres, para que puedas recuperarla solo el día que sin memoria te acuerdes e ella.”

Extracto de Elizabell Cuentos Para Sanar.

Parte II: El Corazon Sagrado

Elizabell.

 

 

 

 


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La vida en un café (primera parte)

La vida parece apacible. No me refiero solo a la nuestra, sino a la de todos aquellos con los que diaria o esporádicamente compartimos diferentes ámbitos de nuestra existencia.

Si  nos sentamos una tarde soleada en un cafe percibimos que la vida esta en constante movimiento, como un tren infinito de experiencias que no cesan y que reposan sobre un riel que mágicamente no tiene limites.

Seguimos en ese café. las personas van y vienen. Conversan, ríen, comen, pagan y se van. Las personas por fuera del cafe también transitan y las vemos vagamente, no sabemos quienes son, pero sabemos que están ahí. Nada parece detenerse, es un movimiento físico continuo de personas que viven una vida y en ese preciso momento están ahí presentes donde nosotros también lo estamos.

Ahora seguimos en el café, pero nos detenemos un momento. ¿Qué detenemos? Nuestra mirada. Continuamos sentados, pero a diferencia de unos segundos atrás, comenzamos a observar. ¿Qué vemos? Las experiencia que se están tejiendo por medio de comportamientos, miradas, palabras. Para nuestra sorpresa, el café ya no es el mismo. La experiencias que estamos presenciando recrean un mundo que comienza a sentirse real, por lo menos más real que el anterior.

Si seguimos observado con mucha atención, comenzamos a ver no con nuestros ojos, sino con nuestro corazón. El pequeño mundo circunscrito en ese café, vuelve a cambiar, muta y se transforma. Ya no estamos viendo personas, ni experiencias, en cambio comenzamos a sentir la humanidad detrás de cada rostro. Lo que no es evidente para el ojo, solo es visible para el corazón.

Pagamos la cuenta y salimos del café.  Sigue leyendo