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La vida en un café (primera parte)

La vida parece apacible. No me refiero solo a la nuestra, sino a la de todos aquellos con los que diaria o esporádicamente compartimos diferentes ámbitos de nuestra existencia.

Si  nos sentamos una tarde soleada en un cafe percibimos que la vida esta en constante movimiento, como un tren infinito de experiencias que no cesan y que reposan sobre un riel que mágicamente no tiene limites.

Seguimos en ese café. las personas van y vienen. Conversan, ríen, comen, pagan y se van. Las personas por fuera del cafe también transitan y las vemos vagamente, no sabemos quienes son, pero sabemos que están ahí. Nada parece detenerse, es un movimiento físico continuo de personas que viven una vida y en ese preciso momento están ahí presentes donde nosotros también lo estamos.

Ahora seguimos en el café, pero nos detenemos un momento. ¿Qué detenemos? Nuestra mirada. Continuamos sentados, pero a diferencia de unos segundos atrás, comenzamos a observar. ¿Qué vemos? Las experiencia que se están tejiendo por medio de comportamientos, miradas, palabras. Para nuestra sorpresa, el café ya no es el mismo. La experiencias que estamos presenciando recrean un mundo que comienza a sentirse real, por lo menos más real que el anterior.

Si seguimos observado con mucha atención, comenzamos a ver no con nuestros ojos, sino con nuestro corazón. El pequeño mundo circunscrito en ese café, vuelve a cambiar, muta y se transforma. Ya no estamos viendo personas, ni experiencias, en cambio comenzamos a sentir la humanidad detrás de cada rostro. Lo que no es evidente para el ojo, solo es visible para el corazón.

Pagamos la cuenta y salimos del café.  Sigue leyendo